UN PASEO CERCANO…

..

Mientras tu descansabas, yo me escapé  a “cansarme”, en un paseo rápido, al monte de La Candamia. Hoy yo también  tuve un mal día.  Caminé a grandes zancadas por las calles del barrio, para castigar mis piernas, como queriendo escapar de mi mismo, hacia el parque, hacia el río y hacia el monte; deprisa, deprisa…

 La gente iba y venía, sin encontrarse. Cada cual a lo suyo. El ruido de los coches me zumbaba en los oídos. Y el paso acelerado me pinchaba en las sienes. Pero no descansé en mi alocado trote hasta llegar al río. El agua del Torío me sonrió, desde ese rumor tranquilo que le dan las espadañas secas de su cauce, y las ramas de mimbre que ya se visten de algodón en sus orillas.  En medio del puente, tomé un respiro, mirando al agua venir, pasar por debajo,  y escapar, río abajo, incontenible.

 Dejé el río a mis espaldas y empecé a caminar contra la cuesta. Todavía con prisas de cansarme, de maltratar mi cuerpo desentrenado, siguiendo los caminos más ásperos; con ganas de perderme en el bosque, de escalar como una cabra loca; de subir, de subir, de subir…

 Abandoné  el camino cómodo y ancho del principio, y cogí un sendero a la derecha, que lleva a la Fuente del Oro, un mísero chorrito de agua que se esconde detrás de unos negrillos muertos, vestidos sólo del verde de la hiedra que los ciñe. Mojé mis manos y mis labios en el chorro de la fuente; y me desarropé, abriendo la cremallera del chándal y dejando al viento mi pecho sudoroso. El sendero me invitaba todavía a subir, casi deshecho, por lo más difícil. Y yo acepté el reto, y seguí escalando, casi con rabia. Y lo vencí.

 Desde mi ahogo, llegué con los ojos cerrados a la cima de una pequeña plataforma. Me detuve y respiré pausadamente, hasta notar que el corazón se reponía de su tictac acelerado. Me di la vuelta y abrí los ojos, como queriendo descubrir el campo de mi lucha, y ufanarme de mi hazaña. El aire había cogido en el río el frescor de esta recién estrenada primavera, había subido detrás de mi, y salpicó en mi cara una caricia desahogada. Yo había ascendido  como unos trescientos metros, en línea zigzagueante. No puedo calcular lo que había subido en vertical. Pero en aquel momento, el montecillo que había alcanzado era mi “tabor” particular.

 La ciudad se veía allá abajo, lejos; como dormida entre las telarañas de las nubes grises y la bruma. El runrún  de los coches por la ronda, sonaba como un lejano murmullo. El río silencioso era un hilo de plata, que cosía el gran parque tranquilo a la vega que empieza ya a ponerse lujuriosa. En las praderas verdes,  las vacas se veían tan menudas que parecían ovejas pequeñitas. En el cercano prado encharcado, cinco cigüeñas blancas caminaban con una cachaza amenazante, engullendo bichos. Y yo estaba allí, mirándolo todo desde mi “cielo”, este “tabor” leonés que he descubierto en La Candamia.

 Me di la vuelta, dejando a mis espaldas la ciudad lejana, el río y las praderas. Y me acerqué a un atril de madera rústica que dominaba la atalaya en la otra dirección. Y descubrí , sin leerlo siquiera, todo lo que algún amante de la naturaleza había escrito en la mampara informativa: “Tienes delante de ti un bosquecillo de quejigos. En la ladera que queda a tu derecha puedes ver un grupo de encinas carrascas, que se agarran al pobre suelo de arcilla. En la cárcava que viene por la izquierda, mira también una repoblación de arces y tres buenos ejemplares del serval de los cazadores. Antes de coronar la loma con tu vista, de frente, puedes ver un talud tapizado de aulagas, zarzas y alguna jara, que están secas aún, dormidas en su invierno. Y en los claros pequeños, bosquecillos de rebollos, también desnudos todavía. Y en la lejana línea del horizonte, contra el cielo gris amenazador, una cresta de verdes nuevos, en los tiernos alfileres de los pinos”.

 Me moví, caminando, por una senda fácil, buscando los rincones de este bosque modesto que tenemos tan cerca y tan desconocido. Y me senté a la vera del camino, escuchando el silencio de todos los recodos, y el silbo de las primeras parejas de pájaros enamorados, que sólo pude adivinar entre los zarzos. Me dejé caer desde el borde hasta la vallina sombría que coge su verdor de un arroyo invernal. Y descubrí, al resguardo de un espino albar, todavía desnudo, una hermosa mata de violetas. Estuve tentado de cortar un manojito para traértelas. Pero me acordé de que “ a ti las flores te gustan en el campo”. Y me conformé con tocarlas, en una caricia suave, para hacer que explotara su perfume. Y su fragancia se enganchó en la brisa, y me rodeó, jugando, como una serpentina.

 Volví sobre mis pasos, y regresé a la atalaya. Dentro de mi había nacido una canción de primavera, y me encontré canturreando a solas, como un tonto feliz. Desanduve el camino, bajando hasta el río, sin disimular mi canturreo. La gente que encontré me saludaba, y yo la contestaba, como si fuéramos viejos conocidos, Y seguí  con mi estribillo más acá del río, por el parque, y hasta en las calles cambiadas del barrio de El Egido.

 Mientras tu descansabas, yo descubrí en el monte de La Candamia una inefable tarde de primavera. Y ahora, al contártelo, quisiera contagiarte de mi ingenuo afán…

    Otro día, me llevarás contigo… 

 

 (Alfredo/03/03)

 

Mira, Elena, cuánto tiempo han tardado en enterarse de lo que tú y yo sabíamos!!!:

 

(Díario de León, 08.05.2006)
 
"El paraíso al otro lado del río".
 
El parque de La Candamia es uno de los escenarios preferidos por los leoneses para disfrutar de la naturaleza durante los meses estivales en un ambiente de tranquilidad y sosiego.
FirmaCarlos San Juan/León


Un paraje ideal para disfrutar de todos los elementos de la naturaleza y un lugar de convivencia para personas de todo tipo de edades, culturas o clases sociales, todas ellas con el mismo propósito: sacarle el mayor partido posible a una de las zonas de ocio más visitadas por los ciudadanos leoneses.

El parque de La Candamia, en León, comienza ya a servir de escenario a cientos de personas que, con la llegada del calor y los meses estivales, acuden a este rincón de la capital leonesa para desconectar de la rutina diaria y el estrés, y realizar todo tipo de actividades lúdicas y deportivas en un ambiente marcado por la paz y el sosiego. Mientras unos juegan al fútbol o hacen gimnasia, otros prefieren disfrutar de este escenario con la simple compañía familiar, escuchar música o relajarse en las terrazas de los bares que allí se ubican.

El mes de abril, si el tiempo lo permite, marca cada año la apertura de los establecimientos de La Candamia, que permanecen abiertos hasta octubre a lo largo de todo el día, en un parque que registra su mayor afluencia de gente en los meses de julio y agosto, y que acoge en diversas ocasiones eventos musicales que ya han logrado congregar en este lugar a cerca de cinco mil personas, procedentes de distintos puntos de la provincia y del resto del país, como Asturias o Galicia.

Las personas que ayer se acercaron a La Candamia coincidían en destacar que es «el lugar ideal» para disfrutar de un día soleado. El amplio espacio que lo caracteriza, con patos y cisnes en las lagunas, y el despertar de las flores en este mes, convierten este lugar en «un auténtico paraíso», como se refirió a él una familia asturiana que acude con frecuencia hasta este parque. Es durante el fin de semana cuando mayor aglomeración de gente se desplaza hasta La Candamia, desde los más pequeños hasta personas de la tercera edad que encuentran en este rincón de león el lugar apropiado para leer o pasear.

El parque de La Candamia es, pues, un lugar apropiado para distintas actividades y en el que se respira un ambiente armonioso. Un escenario situado en la misma capital, pero que parece encontrarse en un lejano núcleo rural, con todos sus atractivos.

……
 
¡ A buenas horas,  mangas verdes !
 
(Alfredo Escalada/09.05.2mil6)
 

 

 

 

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Libros. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s