MAYO HORTELANO

 

 

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En mi jardín, – que este año está todavía medio destartalado por la acción, y omisión, de un invierno lleno de muchos inviernos juntos – tengo un cuarteto de árboles frutales, haciendo guardia en el lado norte de la piscina. Tres manzanos y un peral, amén de parras, que como siempre están exhuberantes, pero me temo que también machorras, como todos los años.

De los tres manzanos, uno es de golden, joven aún, y está empezando a ofrecernos frutos pequeños. Los otros dos, más viejos, son castilletes de cuentos de hadas, de damas y "reinetas"…

Al lado de la casa, pero en la misma línea, está el peral. Es un árbol de origen desconocido. Como un perro callejero; sin padre ni madre declarados; sin pedigrí ni etiqueta… De hecho, sólo conserva de su cuna un tronco añoso, como si fuera un brazo que sale de la tierra. Es un brazo de tierra que sale del suelo, y sube al mar azul del cielo recortado. Al lado, tiene el mar quieto del estanque, verde y fangoso; lleno de ranas verdes que cantan en las noches como extrañas sirenas… ¿De dónde han venido los renagueys? ¿Qué mar proceloso de estrellas verdes han cruzado? ¿Qué canto mágico y acuoso les encandiló sus ojitos desorbitados, para venir a mi piscina sucia?…

Al final de su brazo tiene unos dedos injertados, de donantes anónimos. Dos dedos son bien frondosos, y dan dátiles de agua, de agua veraniega. Son como botijos amarillos en agosto… Otros dos dedos son más leñosos; como ramas de parra. Pero se cargan también de líquidos otoñales, que si los cuidas un poco, pueden hacer en tu boca blancos besos de nieve madrugadora, allá en noviembre… El último dedo es un índice estreril, que sólo hace que apuntar al cielo, preñado de algodones.

Ayer los estuve mirando, a los cuatro. Los regué, les quité las legañas malignas de arañas tejedoras, les desbrocé los pies… Y los remiré, echándoles piropos … Ellos son unos presumidos, y engordaron con mis requiebros. Pero adivinaron mis pensamientos egoistas. Ni cortos ni perezosos, me dijeron:

– Paciencia, che!… que estamos en Mayo, todavía!

 …

 

La tarde del sabado fue muy extraña:

Despues de comer, estuve admirando la primavera desde la cuneta de la carretera, al lado del río Esla, muy cerquita de Gradefes. Llevaba mi "escopeta digital", y saqué algunas fotos, como estas que añado…

 A la tarde, en San Miguel de Escalada, hubo un entierro: de una de las abuelas del pueblo, con 94 años… Fue una sorpresa, para mí;  no para ella, que estaba ya más allá que acá, al fin y al cabo…

Una musa me inspiró estos versos:

 

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Entierro en mayo…

 

Eran las cinco…

de la tarde.

El sol abrasaba

la cuneta,

con abrazos

blancos, amarillos, rojos…

sin perdonar la siesta.

 

Al norte,

la flor del sauco

se vistió de blanco,

y entró en una noche

oscura,

fresca como el azul

entre las ramas…

 

El campanario

silabeó un adios triste

a la abuela,

¡que se quedó, ay, fría!

 

No le sirvió el sauco,

ni el espino albar,

ni la serena malva.

 

El toque de muerto,

– ¡de muerta, hoy! -,

hoy,

no perdonó la siesta.

 

(Alfredo Escalada/29.05.2mil6)

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