LILLY

 
"A todos pertenece lo que piensas. Sólo es tuyo lo que sientes. Si quieres que sea tuyo lo que piensas, has de sentirlo."

SCHILLER, Friedrich von
Poeta, dramaturgo, filósofo e historiador alemán.
 
 
Lilly es una nena de apenas dos añitos, que juega con el mundo.
 
Hoy os la traigo aquí, a mi salón. Y os invito a jugar con ella… Dicen los de YouTube que ya la han visto casi dos millones y medio de curiosos, boquiabiertos…  Como tú y como yo. 
 
 
(NOTA: a fecha 19.01.2010, este vídeo en YouTube lleva 4.590.088 visitas)
Taza de café
 
Recuerdo que de chico – más mayor que Lilly, claro… pues tendría yo doce o trece años – en clase de Geografía jugábamos en equipos.  Se elegían los participantes, se formaban las listas, y las colas;  se montaban las estrategias y las tácticas… para luchar contra el otro equipo. Por ejemplo: los torpes a la cabeza, y los listos al final de la cola. Porque se trataba de disparar preguntas a la cabeza de la lista… Y el truco podía estar en la resistencia de la cabeza respondona, o en la dureza e inteligencia de las preguntas… Ambas, – respuestas y preguntas – había que hacerlas de memoria. Quiero decir, con la "pelota". El cabeza de lista era el  único que tenía la opción a la respuesta definitiva. Si fallaba, se iba al final de su cola, al limbo de los torpes. Pero seguía aportando en el equipo. Quedaba de público; aunque a veces el público también jugaba sus bazas; porque seguía siendo apoyo propio y estorbo del contrario. Desde el final de la cola se podía seguir preparando las preguntas. Valía todo; pero sin libros: apuntes, señas, aplausos, risas, recochineos…
 
El profesor era el árbitro; pero tenía el derecho a convertirse en juez y parte, aunque siempre a favor de los más débiles.
 
Pues, bien. Yo, en una de estas guerras de preguntas, estaba en la cabeza de mi lista. Había ido subiendo lentamente desde el fondo de mi fila; preparando las preguntas más rebuscadas y más cabritas, según el perfil de los cabecillas del equipo adversario. Tenía ya de contrario a un rival más débil. Y más débil era también su segundo, y su tercero… Mi fila estaba ya saboreando la victoria. Pero el juez-profesor se acercó a la línea de ataque del rival, y después de un largo y sospechoso bisbiseo, me miró con una risa socarrona en su cara rechoncha. Luego miró a mi contrincante, casi ya vencido, y le animó a hacerme una pregunta:
 
Señala en el mapa dónde está la isla de Pascua, – me dijo. Y el maestro apostilló, mirando disimuladamente su reloj de cadena, asomado en el bolsillo:
 
Esta es la última pregunta. Si la aciertas, gana tu equipo. Y si fallas, vencerá tu adversario.
 
A partir de aquel día no he vuelto a olvidar nunca donde esta esta dichosa isla… Pero aquel día fue un día rabioso. El profesor me miró, y me vió bloqueado. Y se fué a saludar las manos levantadas de toda la fila del equipo contrario, sentenciando entre risas:
 
Habéis perdido. ¡Te han hecho la pascua, amigo!  
 
 
¡Qué pena no haber tenido en mi fila a la pequeña Lilly!
 
     Bombilla
  
   
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