LOCO POR TUS HUESOS

 

huesos

 
Las investigaciones de Escalada encuentran al confesor de Felipe II.

Luis Caro y Edén Fernández han analizado hasta ahora un centenar de monjes y notables medievales.
 
"La investigación arroja un dato sorprendente. Y es que todos los individuos a excepción de Antonio de Guevara, están afectados por nódulos de Schmörl (hernias intraesponjosas), que aparecen preferentemente en aquellas zonas de la columna que están sometidas a una mayor sobrecarga y movilidad.

Esta lesión indica que las personas que se enterraron en Escalada realizaban movimientos violentos con la columna o portaban cargas de forma habitual, bien de forma manual o sobre la cabeza, o la espalda. Es decir, se dedicaban a tareas del campo".

 
(Fuente: Diario de León/16.08.2008)
 
 
Decir a estas alturas que estoy enamorado del Monasterio de San Miguel de Escalada no es nada nuevo. Podría asegurar que estoy "loquito por sus huesos". Y es verdad.  Pero lo de estar loco por sus huesos de hoy no significa lo mismo. Me refiero a esta loca pareja de investigadores de la Universiad de León que están empeñados en una labor ardua, pero seguro que compensadora. Para ellos, y para todos nosotros. Sobre todo para todos los amantes de Escalada.  
 
En mayo de este año, cuando hicimos el Primer Ciclo de Conferencias sobre San Miguel de Escalada en el Albeitar de la Universidad de León, invitamos a Don Luis Caro, que se disculpó de darnos una charla porque todavía no tenía resultados de sus investigaciones. Y ahora que parece que ya va teniendo algo, nos gustaría conocerlos más detalladamente. 
 
Yo pediría a esta pareja de locos que buscaran los huesos de los monges. Y mejor: de los abades. Y cuanto más antiguos, mejor. Si encontraran los huesos de la espalda y de las manos de un viejo fraile, quizás "pillaran" alguna lesión propia de los escribas de manuscritos, que debieron tener también, sin duda, un trabajo duro y pesado. Porque ahora me interesa mucho descubrir si en este Monasterio hubo "librarios". Yo creo que si. Y que uno de esos escribas e iluminadores admirables fue Maio, el indiscutible autor de nuestro Beato.  
 
Los muertos ya no tienen prisa. Pero los vivos quisieramos tener los resultados ¡para mañana mismo!…  
 
Taza de café 
 
  
 
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Una respuesta a LOCO POR TUS HUESOS

  1. Alfredo dijo:

     
    Historias de huesos redimidos:
     
    La historia: Hay una historia conocida, escrita en piedra, del Santo Gonzalo. Está plasmada en la urna de piedra, con una inscripción ejecutada en letras góticas antiguas, apenas inteligibles. Sus huesos, aromatizados, fueron encerrados en un arca de madera, y ésta dentro de la urna pétrea, puesta debajo del arco que queda en la pared de la derecha del precioso templo románico de San Miguel de Escalada. En la pared de la izquierda, debajo de otro arco parejo, hubo un altar, dedicado al Santo Gonzalo. Según reza el libro de asiento de la Secretaría del Real Patronato, hacia 1614-1622 existía además una pintura vieja y casi deshecha, que figuraba al santo doméstico de Escalada rezando, de rodillas, a los pies del Arcángel San Miguel, vencedor del dragón… La inscripción de la tumba dice así: Magnus de magnis est natus finibus istis. Dormit Gonsaldus sub pondere lapidis huius. Hic sub milicia famam sortitus honestam. Quinto nonas maii persolvit debita morti. Miles formosus, Gonsaldus nomine dictus, hectoreos actus armis superavit et hictus. Moribus et vita mirabilis hic eremita premia ius" Noble hijo de nobles, nació en esta comarca. Aquí duerme Gonzalo bajo el peso de esta losa. Aquí, con las armas, consiguió fama honrosa. El tres de mayo rindió el tributo debido a la muerte. Guerrero diestro, conocido por el nombre de Gonzalo, con las armas sobrepasó las hazañas de Héctor y sus golpes. Digno de admiración por su manera de vivir, aquí como monje, recibió el premio merecido. — El mito de Héctor: Héctor (del griego Ἑκτωρ, "el que defiende fuertemente") fue el hijo mayor del rey Príamo y la reina Hécuba de Troya, y esposo de Andrómaca . En la Iliada, de Homero, que narra la guerra de Troya, Héctor es el mejor guerrero troyano. Como comandante de las fuerzas de la ciudad, su contribución a la resistencia frente al ejército griego durante nueve años es decisiva, y casi al final obliga a los griegos a huir en sus barcos. Sin embargo, durante la batalla mata a Patroclo, el amigo amado de Aquiles, el héroe de los griegos. Aquiles, que se había retirado de la lucha por una disputa con el rey Agamenón, líder de las fuerzas griegas, vuelve al campo de batalla para vengar la muerte de su amante y amigo. Desconsolado y frenético, persigue a Héctor , lo mata y después ata el cadáver a su carro y lo arrastra tres veces alrededor de las murallas de Troya, hasta la pira funeraria de Patroclo. Al enterarse de que los griegos se niegan a celebrar los ritos funerales de su hijo, el triste Príamo acude a Aquiles con la ayuda del dios Hermes y le pide que le entregue el cuerpo de su hijo. Aquiles accede conmovido por el dolor del viejo rey y declara una tregua para que los troyanos celebren un funeral adecuado. La Ilíada concluye con una descripción del funeral celebrado en honor de Héctor. En contraste con el feroz Aquiles, Héctor simboliza el guerrero caballeroso. Héctor fue venerado durante mucho tiempo como tal. Así lloraron y honraron a Héctor su esposa, Andrómaca, y su madre, Hécuba: "Andrómaca, la de níveos brazos, que sostenía con las manos la cabeza de Héctor, matador de hombres, dió comienzo a las lamentaciones exclamando: -¡Marido! Saliste de la vida cuando aún eras joven, y me dejas viuda en el palacio. El hijo que nosotros ¡infelices! hemos engendrado es todavía infante y no creo que llegue a la mocedad; antes será la ciudad arruinada desde su cumbre, porque has muerto tú que eras su defensor, el que la salvaba, el que protegía a las venerables matronas y a los tiernos infantes. Pronto se las llevarán en las cóncavas naves y a mí con ellas. Y tú, hijo mío, o me seguirás y tendrás que ocuparte en oficios viles, trabajando en provecho de un amo cruel; o algún aqueo te cogerá de la mano y te arrojará de lo alto de una torre, ¡muerte horrenda!, irritado porque Héctor le matara el hermano, el padre o el hijo; pues muchos aqueos mordieron la vasta tierra a manos de Héctor. No era blando tu padre en la funesta batalla, y por esto le lloran todos en la ciudad. ¡Oh Héctor! Has causado a tus padres llanto y dolor indecibles, pero a mí me aguardan las penas más graves. Ni siquiera pudiste, antes de morir, tenderme los brazos desde el lecho, ni hacerme saludables advertencias que hubiera recordado siempre, de noche y de día, con lágrimas en los ojos. Así dijo llorando, y las mujeres gimieron. Y entre ellas, Hécuba empezó a su vez el funeral lamento: -¡Héctor, el hijo más amado de mi corazón! No puede dudarse de que en vida fueras caro a los dioses, pues no se olvidaron de ti en el fatal trance de la muerte. Aquiles, el de los pies ligeros, a los demás hijos míos que logró coger vendiólos al otro lado del mar estéril, en Samos, Imbros o Lemnos, de escarpada costa; a ti, después de arrancarte el alma con el bronce de larga punta, lo arrastraba muchas veces en torno del sepulcro de su compañero Patroclo, a quien mataste, mas no por esto resucitó a su amigo. Y ahora yaces en el palacio, tan fresco como si acabaras de morir y semejante al que Apolo, el del argénteo arco, mata con sus suaves flechas."… … La esperanza: El estudio de los huesos, esparcidos por siglos, y revueltos por años, podría llegar a descubrirnos algo así, de San Gonzalo: Gonzalo era un mozo hermoso, bien plantado; hijo de nobles. Como Héctor. Bien dotado en lo físico, adiestrado en la lucha, de ánimo fogoso, dedicó sus mejores años jóvenes a guerrear. Gonzalo pudo ser el retrato de un joven luchador de "aluches", de esta tierra pacífica. Superó con las armas a Héctor, le excedió en sus hazañass y sus golpes; y tuvo más suerte que él. No tropezó con ningún Aquiles, el de los pies ligeros. Tampoco tuvo el abrazo de Andrómaca, la de los níveos brazos. Pero eligió su retiro en este monasterio, como eremita, para recibir, serénamente, el premio merecido. Aquí durmió Gonzalo, bajo el peso leve de una losa. Esta fue su paz. Quizá un día, -¡pronto! – podamos decir: "Aquí duerme Gonzalo. Esta es su paz". … (Alfredo Escalada)

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