Prólogo a un manifiesto

 

                

Del 23 al 24 de Abril: lo que va de un día a otro.

En estos días he tenido dos invitaciones:
– Ayer, a ir a Las Campas de Villalar. ¡No, gracias!.
 Me hace menos ilusión que coger el autobús, como dijo nuestro Alcalde. Menos que coger el autobús y el tranvía prometido, juntos..
..
– Hoy estoy invitado a leer este Manifiesto, en este día "leonés", e histórico.
Lo que va de un día a otro, descansa en el amor:
"Te quiero porque yo quiero. Y no porque me pidas que te quiera. Y menos porque me obligues a quererte".

Estoy honrado y orgulloso, por leer este manifiesto.
Pero dejadme que antes os lea un prólogo. Que habla un poco de mí. Pero no de mí sólo…

 

Prólogo a un manifiesto

Nacido en los cincuenta:
Años de dictadura. Mas, gracias a mis padres,
años
de entrañable dictablanda:
de sementera de amor por la tierra, la lengua, la historia y las leyendas.
Años de esponja,
que todo lo absorve
y lo recuerda…
Exiliado en los setenta:
Años de transición. Años de despertar a la voluntad del pueblo;
de lucha,
de afan de conocer, de recordar
las entrañas
de las leyendas, la historia, la lengua y los cachos de barro de los que estamos hechos.
Años de destierro, porque la vida apremia…
y mi tierra está seca. 

Brotando en los ochenta:

Años del regreso a las raices. Me toca a mi ser padre.

Y quiero sembrar
las mismas cosas en mis hijos,
aquí en mi tierra: ancestrales cariños, dichos del corazón en la palabra, reconstrucción de historias, y entrañables ensueños de leyendas.
¡¡¡Y futuros!!!. Aquí en mi tierra, todavía reseca…
a la que algunos quieren llamar de otra manera. 

En el nuevo milenio:

La historia pequeña de mi sangre
se repite: Nuestros hijos nos quieren desde lejos.
Aman a su tierra desde lejos.
Hablan con dejes leoneses desde lejos.
Ensueñan cuentos y leyendas, para contarselas a sus hijos, allá lejos.
Porque su tierra, – mi tierra – sigue reseca;
y la vida,
ahora más en crisis, les apremia.  

No morirán mis sueños:

No morirán nuestros sueños leoneses. El futuro irreductible está en los árboles plantados con mi mano,
en los hijos sembrados de mi sangre,
y en el libro de León que encetaron los héroes,
los olvidados héroes leoneses, casi homéricos: gestosos como Ulises,
y capaces de inmensas odiseas…
Mas, también, los silenciosos,
y anónimos,
como la dulce y paciente Penélope, mi heroina.
 

No morirán mis sueños. No morirán nuestros sueños, ¡¡¡leoneses!!!

  Taza de café

 

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