un hilo de fino biso

Cuenta una leyenda palentina, cerca del rió Carrión, que hubo un conde en la Edad Media, casado con una hermosa mora. Tuvo la mala fortuna de embarazarse la condesa y parir dos hijos. Los hombres de esos siglos tenían la mala sombra de creer a pies juntillas que un parto doble era resultado indiscutible de dos conocimientos carnales, y diferentes, de la esposa, con su consiguiente infidelidad imperdonable; y el honrado padre estaba obligado a sacrifcar a los dos hijos, fruto de su deshonra. El conde, así se dispuso a hacerlo. Pero la madre, tierna madre al fín, cogió la túnica de hilo fino de biso, la prenda más ligera y más hermosa de su ajuar, y preparó un moisés, o un canastillo, atando las puntas del tejido, colocó a sus dos hijos, como fuera colocado Moisés en las aguas del Nilo, y empujó la ligera embarcación de tela sobre las aguas del río Carrión, para que llegaran a la otra orilla, donde había un monasterio y una iglesia, lugar sagrado, que sería la salvación de sus puros e inocentes retoños…


hilo de biso

 

Cuenta la leyenda leonesa de la ribera del Esla, cabe del Monasterio de San Miguel de Escalada, que hubo en el Priorato un monje, – o lego -, llamado Gonzalo, que luego fue tenido por santo: San Gonzalo. Enfrente del Monasterio, al otro lado del Esla, tenía la abadía una ermita en honor de Santa María, la Virgen de La Reguera, celebrada y rezada por toda la comarca. Y Gonzalo, el lego del Priorato, se encargaba de pasar cada noche al otro lado del río, que algunas veces bajaba bravo, para encender la vela delante de la Virgen de Escalada. Y no había puente para cruzarlo. Gonzalo echaba su capa sobre las aguas del viejo Astura, y se ponía encima, como en un barco. Y pasaba calzado y seco, – enjuto -, de lado a lado…
¿Cómo se puede explicar lo inexplicable? Recurriendo a un milagro. O recurriendo a una leyenda, que es eso: una relación de sucesos imaginarios o maravillosos, para exponer, enseñar, justificar o hacer entender algo extraño o raro.Mas, quizás la clave sencilla de las cosas está en las palabras. Voy a descubrir una palabra rara, que es aquello de lo que estaba hecha la magnífica túnica de la que nos habla la leyenda del Carrión. “biso, hilo fino de biso”. Dice un verso pareado alejandrino:
“Vestía traje suelto, de recamado biso,
en voluptuosos pliegues de un color indeciso”.

Biso deriva del griego byssos, y ésta palabra, a su vez, del hebreo butz, que significa “lino fino” como también “la tela que con él se hace o se teje”. Del griego pasó al latín bajo la forma de byssus y su género puede ser femenino o masculino, dándose también la forma neutra byssum. Del latín pasó a las lenguas romances: italiana, bisso, portuguesa, bisso también; francesa, bisse, bise, byssus. En alemán e inglés subsiste la forma latina byssus, y en español, el diccionario académico registra la voz biso, con la restricción del significado de: secreción que producen algunos moluscos, que se endurece con el agua y toma la forma de filamentos, con los que se fija a las rocas u otras superficies: el mejillón es un molusco que se fija a las rocas mediante el biso. “Producto de secreción de una glándula situada en el pie de muchos moluscos lamelibranquios, que se endurece en contacto con el agua y toma la forma de filamentos mediante los cuales se fija el animal a las rocas u otros cuerpos sumergidos; como el mejillón”.


pelo de mejillón

 

Algunos diccionarios, entre otros el francés, el alemán y el inglés, indican que estos filamentos de secreción glandular tienen un aspecto  algodonoso,  y que se utilizan como materia prima en la urdimbre o tejido de una tela que los alemanes llaman Seeseide o Müschelseide, o sea: “seda marina” o “biso”.El que nuestros diccionarios no consigne en su artículo biso las acepciones de “lino finísimo”, de “tela tejida con esta fibra”, ni de “traje o vestido de lino delicado”, obedece seguramente al hecho de que no aparece usada en obra alguna de la literatura española de cualquiera de sus períodos.
Biso no figura ni en el Diccionario de autoridades ni en el Tesoro de la lengua castellana de Covarrubias, ni en el Vocabulario del maestro Gonzalo Correas. Viniendo a tiempos más recientes, el dichoso biso no aparece en el Vocabulario de las obras de Góngora, de Alemany y Selfa; ni en el Glosario sobre Juan Ruiz, de José María Aguado, ni en el Glosario de voces comentadas en ediciones de textos clásicos, de Carmen Fortecha; ni en la Fraseología o Estilística, de Cejador.Pero hay pocas palabras tan ricas en acepciones como esta de biso: lino delicado y fino, tela y vestido que de él se hace, banda para ceñir momias embalsamadas de faraones o para vendar heridas, algodón de la India, tintura de linaza, secreción glandular de los pelocípedos, cuyos filamentos se emplean para urdir una especie de lino, y, finalmente, en sentido metafórico, palabra para halagar oídos de rey.
Como componente, el vocablo biso invade los territorios de la patología. En efecto, de ella proviene la bisoptisis o bisotisis o bisinosis, que es una especie de neumoconiosis o tisis causada por la inhalación del polvo, filamentos o motas del lino o del algodón. Esta enfermedad se conoce también con el nombre de neumonía algodonosa y se manifiesta por un estado consuntivo similar al de la tuberculosis.En botánica se da el nombre de biso a una clase de hongos que forman ciertos mohos; y en la misma ciencia se emplea el adjetivo bisáceo o bisoide para designar lo compuesto de una masa de fibras finas y que en su apariencia se asemeja al algodón. Bisal es la calidad del lino y bisógeno aquello que lo produce. Bisina es el calificativo de las telas o trajes de lino. En los textos jeroglíficos egipcios se conoce el biso con el nombre de “lino de rey”…
En la mitología griega , las náyades (en griego antiguo Ναιάδες Naiádes, Ναίδες Naídes o Νάιτιδες Náitides, de νάειν, ‘fluir’ y νἃμα, ‘agua corriente’) eran las ninfas de los cuerpos de agua dulce —fuentes, pozos, manantiales, arroyos y riachuelos—, encarnando la divinidad del curso de agua que habitan, de la misma forma que los oceánidas eran las personificaciones divinas de los ríos y algunos espíritus muy antiguos habitaban las aguas estancadas de los pantanos, estanques y lagunas…


la llamada seda de mar

 

Hace algunos años, los ríos leoneses – el Porma y el Esla entre ellos – era ricos en mejillones de agua dulce. No sé por qué razones, (o humanas sinrazones), se han agotado. No quiero elucubrar, ni ser fantástico; pero la capa de San Gonzalo, – ese santo doméstico de San Miguel de Escalada -, bien podía estar hecha de fino hilo de biso. Sería romper una leyenda. O dos milagros: el cruzar el bravo Astura sin mojarse; o el sacar sano y salvo al niño del pozo del Priorato, cuando le echó su manto…
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