Sanseacabó

Sanseacabó.
Ayer echamos tierra al muerto. Lo enterramos.
Lo desnudamos antes de sus ropas de diario,
– del cariñoso lazo con la vida -, hechas andrajos.
Lo envolvieron en una mortaja blanca, con una cremallera alta, muy alta…
 y cerrada;
sólo le dejaron, a la vista de los masocas curiosos, la boca sellada y los ojos cerrados,
mirando al más allá…
Al más acá,
echamos por tierra al muerto. Lo descuartizamos.
Hipócritas de mierda, que un día comerán – también – los gusanos.
Aún resiste en el cuerpo inerte un átomo invisible y misterioso de algo parecido a la vida;
pues le siguen creciendo los pelos y las uñas,
inexplicablemente…
Y nosotros, desde este lado de la vida,
ya le habíamos matado.
Descanse en paz. Si la paz fuera descanso.
Sólo será completa la paz
cuando ¡¡¡todos!!! estemos en el otro lado… 
(agf/23.03.2mil12)    
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